El inmenso poder de la imaginación

“Todas las cosas son creadas dos veces. Una mental y otra física”. Stephen Covey

No he contado nunca cómo llegué acá, gracias a una sucesión de sincronías asombrosa. Sí he compartido varias veces que me siento afortunado de estar en Comfama y que trabajo cada día para merecerlo y estar a la altura del desafío.

He dicho que me encanta mi trabajo y siento que mi vida, mis pasiones y mis ganas de servir fluyen en un continuo que hace que, por ejemplo, esté en este momento sentado en un café, en medio de un viaje, escribiendo este editorial y no me sienta trabajando. Hoy fue un buen día de vacaciones: hice ejercicio, terminé un libro, comencé el segundo, disfruté un delicioso desayuno y ahora en la tarde me senté a comer un tentempié y a escribir.

Pero no he contado mi versión de cómo llegué a Comfama. Recuerdo muy bien el mes de mayo del 2012 porque ese día decidí renunciar a un trabajo que pensé amaba mucho, pero fracasé en mi intento de hacerlo bien y no pude encontrar el camino para superar los obstáculos que encontré. ¡El único trabajo en mi vida en el que duré menos de seis meses! Ese mes tuve también el final de una relación sentimental y un cambio de casa a un lugar donde no cabían sino mis libros y unos pocos muebles.

Recuerdo que no tenía ni idea de lo que haría a continuación. Luego de muchos años, con pequeñas discontinuidades, de buscar caminos en el sector público, la desilusión no podía ser mayor. Esta vez era profunda porque se trataba de reconocer que no tengo el “cuero duro”que se requiere para el trabajo. No me gusta ser político… ¡y me di cuenta luego de más de 18 años de estar metido en el tema!

Días después, luego de haber dado una vuelta por mi barrio calculando cuánto me durarían mis ahorros, me senté en mi apartamento con unos colores y un bloc pinares. La pregunta era simple, y me la hice, se la hice a la vida: “¿Qué quiero hacer en este momento de mi vida?”. Comencé a dibujar y escribir sin pensar mucho.

Algunos años después, supe que hice un mapa mental. Ese día era un juego para imaginar el futuro. Señalé mis campos de acción y objetivos para cada uno de ellos, mi trabajo para promover el emprendimiento y las ciudades sostenibles, mis ganas de emprender, mi deseo de participar en obras filantrópicas, y mi dimensión de desarrollo económico y patrimonial. Les cuento que en ese momento escribí, en color rojo, que me soñaba trabajar con Comfama. No puse “como director”, obviamente.

Esa mañana escribí correos a cuantas personas conocía para decirles qué me soñaba, qué servicios podría prestar, según lo escrito. A los pocos días, sentado en ese mismo lugar, me llamó Juan Diego Granados, subdirector de desarrollo estratégico de Comfama, para ofrecerme ser consultor de la Caja en un proyecto. Ese fue mi primer contrato, para un ejercicio profesional que duró tres años muy productivos.

Pasó el tiempo y la vida me puso en el 2013 a conversar con Emilio Echavarría, presidente de la Junta de Interactuar, quien en la recta final para invitarme a dirigir esa entidad me preguntó: “¿Por cuál empresa renunciarías a Interactuar?”. De una dije: “Si me llaman para ser director de Comfama, me iría de una”. Él contestó: “Claro, cualquiera”.

Me contrataron y estuve en Interactuar casi dos años, hasta que un día recibí una llamada del consejo de la Caja. Casi se va de espaldas Emilio cuando le dije: “Me llamaron de Comfama”. “¡Lo que me dijiste desde el primer día!”, me respondió, y me apoyó en el cambio, aunque fuera un poco prematuro.

En enero del 2016 me senté a mirar mi mapa. Les voy a contar un secreto que aún hoy me pone la piel de gallina. Se había cumplido todo al 100%, y eso que escribí con gran detalle.

Esta maravillosa herramienta de visualización del futuro y enfoque me ha servido, además, para asuntos más personales que por supuesto no presento en este texto. Solo diré que mi felicidad actual tiene mucho que ver con haber imaginado mi vida, mucho más allá de lo laboral. Pienso que encontramos lo que buscamos, no porque aparezca de la nada, sino porque lo construimos. Pienso que regularmente logramos lo que nos proponemos y por lo que trabajamos con energía.

Por supuesto que hay varias maneras de visualizar el futuro y todas llevan a que nos alineemos, trabajemos para crearlo y busquemos los recursos y ayudas necesarias para lograrlo. El foco de una estrategia es clave para empresas y comunidades como base fundamental para su desarrollo y avance.

Así mismo, un sentido de propósito claramente desplegado ayuda a que las personas nos encontremos en nuestro elemento y entreguemos al mundo lo mejor de lo que somos, mientras disfrutamos la vida. En ambos casos, se trata de atreverse a impulsar la fuerza de una visión, que sueña sin límite.

Al final, por eso esta invitación: ¿Qué tal si las empresas hacen sus propios mapas mentales? ¿Qué tal si las familias hacen el suyo para alinear las capacidades de todos alrededor de objetivos comunes? ¿Qué tal si una joven, sentada en la mesa del comedor de su casa, lee esta edición e imagina cómo puede ser su vida, en la plenitud de sus posibilidades?

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4 Comments

  • ¡Qué felicidad esta editorial! Yo soy la mujer sentada en el comedor de mi casa, haciendo el juego de imaginar el futuro. Gracias, como anillo al dedo.

  • David, muchas gracias por su esperanzador mensaje, el que sería ideal, llevar a través de la coherencia institucional a muchos jóvenes, mujeres y hombres, niños y niñas que tienen que recobrar la confianza en la Institucionalidad, no a partir de las palabras sino fundamentalmente a través de los hechos.

  • Agradezco muchísimo el que alguna vez me recomendaras y prestaras un libro de Covey, nunca lo devolví, se convirtió en mi Biblia hasta el punto que hoy hago charlas del mismo a mis compañeros de trabajo. Siempre has inspirado respeto y admiración. Nuevamente Gracias.

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