Venezolano rima con hermano

“Y para que, adentro, en el hogar, estén junto a él, convocados, al calor del fuego, unos brazos, unos labios, unas miradas”. Juan Calzadilla. Ítaca (fragmento).

No comparto acento con los lugareños, pero siento que el mío produce respeto y cariño. El taxista me dice que Medellín es su ciudad preferida, que admira a los paisas, que lo único que no le gusta es el Nacional. No me alcanzo a molestar por esa reafirmación de la diferencia. Tener gustos distintos o pertenecer a otro equipo no tiene nada que ver con ser enemigos. En Cali me siento en casa. Llego a mi hotel, tarde, cansado, pensando que no tengo una sola historia de mi vida en Venezuela. Nunca he ido. Mis viajes de juventud jamás la incluyeron y cuando me invitaron a dictar una conferencia, no me cuadraron las agendas. Tal vez tenga algo que ver con esa vieja rivalidad, infundada, pero enraizada. De niños nos burlábamos de los vecinos con coplas odiosas, nos daba rabia que se hubieran retirado de la Gran Colombia, nos generaba algún placer que los derrotaran en un partido de fútbol, sentíamos esa envidia de país pobre que linda con país rico. No tengo muchas historias personales con personas y tierras venezolanas.

Al entrar al hotel, me saludó Javier, desde la recepción, con un acento inconfundible. “Señor Escobar, ¡bienvenido a Cali!” Un venezolano me da la bienvenida. ¿Será una señal? Hago el trámite, y le pregunto: “¿cómo lo ha tratado Colombia?, ¿hace cuánto llegó?”. Me cuenta en pocos minutos que lleva cinco años, que lo han acogido muy bien, que trabaja duro, que es feliz. “Soy colombiano también”, sonríe. Me cuenta que su abuela había migrado a Venezuela hace décadas y que su mayor sorpresa cuando llegó fue que muchas cosas que siempre pensó que eran auténticamente venezolanas, resultaron ser colombianas. “Pensaba que el ajiaco era un plato típico de mi país, y resulta que no. Los tamales de mi mamá eran más parecidos a los del Tolima que a los de allá”. Ríe al enseñarme con naturalidad que nuestros límites culturales son, por decir lo menos, difusos. Pienso que esta identidad se evidencia en casi cualquier lugar del mundo, al acercarnos desde lo humano a las personas. Cuando observamos de lejos, somos distintos, pero al oír y sentir nuestras historias, somos todos Homo Sapiens. Con Venezuela, incluso, el vínculo es más profundo. Somos tan parecidos que podríamos ser del mismo barrio o haber nacido en la misma casa. Por eso, nuestra relación es de otra naturaleza. Como dice Rodrigo Botero, nuestro exministro de Hacienda, no solo somos hermanos, sino hermanos siameses: una metáfora simple, con complejas y poderosas implicaciones. Me despido de Javier para ir a descansar. Le agradezco su servicio, su amabilidad y su historia.

Cuando en Comfama conocimos a Leoluca Orlando, el alcalde de Palermo, definimos una posición más clara sobre la migración. Este hombre, que habla del derecho a la movilidad humana y de los beneficios de la migración, nos enseñó que el propio país es ese lugar donde podemos y escogemos vivir sin miedo, hayamos o no nacido en él. Justo nos visitó en plena discusión sobre el “problema venezolano” y la “crisis migratoria”. Pensamos que, sin negar la
problemática económica, institucional y política, como sociedad estamos frente a una hermosa posibilidad de demostrar que somos capaces de dar al mundo lo opuesto a lo que recibimos por décadas. Si en los 80 y 90, los colombianos fuimos segregados, insultados y criminalizados, este sería un buen momento para incluir, acoger y valorar a estos nuevos compañeros de viaje. Por otro lado, Leoluca resaltaba las posibilidades que trae un migrante. “Nos recuerdan el mérito”, están dispuestos a trabajar más duro, a dar ejemplo, a cumplir las normas con más diligencia. No caigamos en la trampa cuando un medio de comunicación hable de “un grupo de ladrones venezolanos”. Pensemos que es lo mismo que cuando decían “un grupo de narcotraficantes colombianos”. Las generalizaciones son indefectiblemente injustas. Aprovechemos que esta es la mayor migración en la historia de Antioquia. Cien mil, doscientas mil personas, que suenan diferente, en un español de América, nos traen unas riquezas musicales, gastronómicas, intelectuales, económicas y culturales inmensurables.

Por eso, desde Comfama hacemos, basados en múltiples razones, esta invitación desde nuestra revista. Por un lado, reiteramos el deber moral que tenemos todas las personas de acoger al migrante, que se incrementa en el caso colombiano, en virtud de nuestra historia. Por otro, señalamos la grandiosa oportunidad para el crecimiento económico de largo plazo que tenemos si acogemos a los nuevos vecinos. Adicionalmente, resaltamos la bella posibilidad que aparece al encontrarnos con otro mundo, parecido, diferente y nuevo. Por estas razones y por muchas más, en la Caja proponemos, a empresas y familias, abrazar con generosidad esta nueva realidad. Que la mezquindad y la coyuntura no nos asusten. Debemos aspirar a que el mal gobierno, y las razones políticas y económicas que producen este fenómeno desaparezcan pronto y Venezuela pueda retomar su rumbo de país libre y autónomo. Mientras tanto, demos la mejor bienvenida a los venezolanos migrantes y trabajemos para que Colombia sea un refugio amable y digno para todo aquel que nos quiera como su país. Si es una decisión temporal, a su regreso tendremos más familia, mejores amigos y más sólidos aliados. Si es definitiva, y muchos se enamoran para siempre de nuestra tierra y nuestra gente, veremos cómo nos convertimos en la Colombia del futuro, más venezolana, más amplia, más global, más colorida.

 

Regresa: Venezolanos en Comfama

4 Comments

  • Excelente iniciativa. Es evidente que a partir de este inicio habrá una gran transformación económica, cultural y tecnológica para el crecimiento sostenible que tanto necesita Colombia, especialmente la transformación cultural de Antioquia, sin dejar de ser quien somos, pero si mejores personas avanzando y aprendiendo de otras culturas muy ricas como lo es la nación de nuestro libertador de la gran colombia: Simón Bolivar.

  • Buen día, personalmente estoy registrado en el Servicio de Empleo gracias a Ustedes Comfama desde Diciembre 2017, posteriormente en febrero de este año obtuve mi PEP y creí que sería ahora si el momento que las empresas dieran el empleo en el area o en su defecto alguna actividad que cumpliese los requisitos… y no fue así, en agencias de Colocación (Head Hunter, etc), y en agencias de Call Center reconocidas, Gaseosas, Farmaceuticas, Vigilancia, Cadena de Mercados (Exito, D1, Alkomprar, etc) todas exigieron adicionalmente Cédula de Extranjeria para poder gestionar el proceso de inclusión, por lo que sólo queda agradacerles la jornada de publicidad Comfama. Saludos!

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“Y para que, adentro, en el hogar, estén junto a él, convocados, al calor del fuego, unos brazos, unos labios, unas miradas”. Juan Calzadilla. Ítaca (fragmento).
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