Ni el fracaso cae del cielo

“En esos momentos difíciles es cuando se debe apelar a lo mejor que uno tiene: la familia, las ganas de hacer las cosas bien, la disciplina y el sacrificio”, dice Santiago.
Fracasar es solo una parte de la historia, no el final. Así lo entendió Santiago Botero, uno de los deportistas colombianos más importantes.

Cometer un error es la oportunidad de aprender, mejorar y triunfar, piensa Santiago Botero, un ciclista que convirtió su pasión en trabajo y que montado en su bicicleta alcanzó metas, alegrías y sueños. Pero en ella también sufrió caídas, desilusiones y contratiempos.

Cuando empezó a montar en bicicleta, no pensó en ser profesional. Su única motivación fue hacer algo en lo que las horas se le pasaran volando. Tal vez por eso, y a pesar de sus triunfos, aún se considera un ciclista recreativo.

A los 17 años, en 1986, ganó su primera competencia, el Clásico de El Colombiano. A partir de ese momento empezó su carrera, con la que consiguió un título mundial de ciclismo, un cuarto puesto general y tres victorias de etapa en el Tour de Francia, otras tres en la Vuelta a España, entre otros logros.

En su caso, llegar a Europa fue muy difícil, implicó enfrentarse a un ambiente hostil en el que todos eran profesionales y asumían que Santiago tenía sus mismos conocimientos, y no era así. Él, ya con 23 años, no tenía la misma formación; simplemente era poseedor de unas capacidades naturales diferentes, tal vez superiores, pero naturales al fin y al cabo. Era inexperto, estaba lejos de casa y, al principio, a duras penas lograba terminar las carreras. Las cosas no iban bien.

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Dio la batalla. Su lucha tuvo varios frentes, encaró frecuentes problemas de salud, superó su inexperiencia que lo hizo entrenarse en exceso y llegar “reventado” a algunas competencias, y puso a prueba sus capacidades. De cada fracaso aprendió a mantener la moral en alto y a entender que todo pasa. Se hizo más optimista, más valiente.

Hoy, con 45 años de edad, piensa que el secreto del éxito está en uno mismo y que fracasar, simplemente, es una oportunidad para reinventarse: hoy es la suma de los aprendizajes de cada uno de los errores que alguna vez cometió.

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