Empezar de nuevo, porque fracasar no es el fin del mundo

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Que Lina y Alberto perdieran todo hizo que naciera Frutos de la Loma, una empresa de pulpas que opera en la cima de una montaña, en el corazón de Antioquia.

El año 2008 estuvo lleno de cambios para la familia Rodríguez, algunos buenos, otros no tanto. Lina y Alberto venían de fracasar en un negocio de maquila de ropa en Medellín. En él habían invertido todo su patrimonio y sus ahorros provenientes de la venta de unas cabezas de ganado que tenían en su finca en Campamento, Antioquia.

Ese negocio salió tan mal que los obligó a reevaluar por completo sus perspectivas. Lina, Alberto y Juan Esteban, con apenas 3 años de edad, incursionaron en la siembra de lulo. En ese proyecto invirtieron todo lo que les quedaba y con su inexperiencia en el tema plantaron y trabajaron para lograr su primera cosecha, con tan mala suerte que sus frutos presentaron imperfecciones en la cáscara, un problema meramente estético que se convirtió en un golpe devastador que les impidió vender la producción. Les iba a costar caro.

Desanimados y con los frutos de casi 2.000 árboles de lulo recibieron la visita de unos amigos. Ellos, sin saberlo, darían una idea que cambiaría la vida de los Rodríguez. “¿Ustedes por qué no se dedican a vender pulpa de fruta o algo?”, les preguntaron. A Lina el tema le quedó dando vueltas en la cabeza. Dicen por ahí que la desgracia antecede a la fortuna, ¿será cierto?

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Ella desconocía cómo empezar, no sabía nada de hacer pulpas. Lo que sí tenía, y de sobra, era empeño, ganas y algo de necesidad. Fue así como con un capital de un millón de pesos decidió arrancar.

Martin Luther King dijo una vez: “Da tu primer paso ahora, no importa que no veas el camino completo”. Eso hizo Lina y para su sorpresa todo se empezó a dar. Con ayuda de su familia, de sus amigos y de algunas entidades que apoyan el emprendimiento como Interactuar, nació su negocio Frutos Paraíso, que luego se convirtió en Frutos de la Loma.

Consolidar la empresa implicó mucho trabajo y aprendizaje. Lina y Alberto lo hacían todo: sembraban, producían las pulpas, las empacaban, las distribuían y hasta daban las degustaciones en los supermercados locales. Igualmente, empezaron a participar en ferias. En ellas ganaban premios locales y nacionales. ¿Cuál era la clave de su éxito en un mundo lleno de competencia? Una sola: calidad insuperable, esa que enamora y mantiene fieles a cada uno de sus clientes en Campamento, Yarumal, Santa Rosa de Osos, Medellín y Bogotá.

Hoy, Frutos de la Loma vende aproximadamente 49.000 unidades de pulpa al año, es un emprendimiento familiar exitoso que no olvida que para llegar a la cima de la montaña hay que caminar sobre una multitud de aprendizajes que provienen de una cantidad igual de errores, porque fracasar no es el fin del mundo. Es el inicio de otro nuevo y lleno de oportunidades.

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