La “Luz”que custodia los recuerdos de los antioqueños

“Foto milagro”, así llamaban a Foto Lía por los retoques a mano que realizaban a los negativos a punta de lupa y lápiz en los años 50.
“El componente más importante de una cámara está detrás de ella”. Eso decía uno de los mejores fotógrafos de la historia, Ansel Adams.

Dejar que se deterioraran más de 40 años de negativos fotográficos que almacenan parte de la historia de la sociedad antioqueña hubiera sido la salida más fácil. Pero la pasión por la fotografía y el respeto por las personas hacen que Luz Elena Arango Velásquez los custodie. Así será mientras de ella dependa.

Luz Elena, desde hace más de 20 años, es la dueña de Foto Lía, un estudio fotográfico fundado hace 63 años por los familiares del famoso fotógrafo antioqueño Melitón Rodríguez. Desde esa época se ubica en el sector de La América, al occidente de Medellín.

Por sus telones y lentes han pasado miles de personas y familias que fueron con una sola intención: congelar en el tiempo sus rostros, sus relaciones y todas esas cosas que a veces los ojos no captan, pero las cámaras sí.

A los 11 años se dio cuenta de que las cámaras le parecían mágicas, y aunque la vida se empeñaba en llevarla por otro rumbo, un día comenzó a trabajar en Foto Lía, justo en el momento en que la fotografía hacía su tránsito entre lo análogo y lo digital.

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Todo lo que sabe lo aprendió con cámaras análogas, pero no tuvo miedo a la hora de cambiar. Aprendió de imágenes digitales, y quizás por eso es que hoy, en una era de tecnología, sabe agregarle pausa a un mundo lleno de inmediatez.

En Foto Lía todo es diferente, existe un “mimo” especial por las personas, por sus historias y por su identidad. No hay afanes, no hay presiones. Sí paciencia, empatía y respeto. Cada trabajo se hace a medida, sin retoques automáticos, “todo es a mano”, y aunque hoy se usa Photoshop, se hace con sutileza, para mejorar y no para cambiar, pues prima la importancia de captar instantes que se viven solo una vez.

Todo esto, tal vez, es lo que hace que sus clientes pasen de generación en generación, que regresen a evocar esos momentos del pasado, a revivir su juventud, sus seres queridos y eso que los hizo sentir únicos, ser felices.

Luz nunca olvida el día en que una señora llegó preguntando si era posible encontrar una foto tomada hacía más o menos cincuenta años, el día de su primera comunión, la cual, por problemas económicos, nunca fue reclamada. Luz la encontró, se la entregó, y quedó marcada a fuego por ese sincero brillo que solo se refleja en los ojos de alguien que se siente feliz.

 

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