Dolly Mejía y Hugo Martínez, Jericó en poema

Sus vidas tuvieron tintes muy distintos. Ella, graduada en Europa; él, graduado de las calles. ¿Qué los une? Jericó como tierra que los vio nacer, la poesía como su mejor legado y que su obra aún se encuentra por descubrir, admirar y disfrutar.

Dolly Mejía: literatura, periodismo y museología

Diez años después de que el efímero departamento de Jericó dejara de existir nació Dolly, poeta jericoana dentro de esa lista larga de escritores que engalanan la historia cultural de este municipio. Años después de ese 6 de agosto de 1920 hasta el día de su muerte, 26 de octubre de 1975, dedicó su vida a la poesía, el periodismo y los museos.

Radicada en Bogotá luego de estudiar en Europa, fue redactora del periódico El Tiempo, directora del suplemento literario del diario La República y colaboró para varios medios nacionales como El Colombiano y la revista Cromos, entre otros.

Su legado como esa mujer que le otorgó una voz femenina a la poesía antioqueña inspiró la película Jericó: El Infinito vuelo de los días. Ese tono particular se evidencia en su obra, una invitación a sentir, por medio de la lectura, cómo una mujer leía a Antioquia.

Las horas doradas (1945); Alborada en la sangre (1946); El pastor y sus estrellas (1949); Manos atadas: poema dramático en tres actos (1951) y Antología poética (1956) son algunas de sus publicaciones, además de Tulipanes al viento: cuentos, poemas y escritos, obra que puede consultarse en Comfama.

En Jericó, su obra se leyó en voz alta como presagio del vuelo que seguirá tomando cada uno de sus poemas:

 

Hugo Martínez Escobar, la redención de un poeta

Monseñor Nabor Suárez, presidente del Centro de Historia de Jericó, cuenta con orgullo que fue allí donde Francisco Hugo Martínez Escobar tuvo una segunda oportunidad. Su vida, a pesar de provenir de una familia acomodada, estuvo marcada por los tormentos de la calle.

Según dice su autobiografía, luego de la muerte de sus padres solo heredó el genio. Fue entonces en esa casa en la que hoy se conserva la historia jericoana donde tuvo la posibilidad de escribir y, además, publicar. Encontró un techo, una mano amiga y una motivación.

Nacido el 19 de febrero de 1930, dice en su libro Arpegios del Parnaso que la iglesia les prohibió a sus padres llamarlo Víctor Hugo, por referirse a ese autor francés condenado por la Santa Madre Iglesia.

Confiesa, además, que descubrió la poesía a los 13 años y que solo estudió hasta quinto de primaria. Murió el 13 de septiembre de 2004 en La Estrella con un sueño cumplido: dos de sus obras publicadas, Sonetos errabundos y Arpegios del Parnaso, los cuales pueden leerse en el Centro de Historia de Jericó, ese que fue su segundo hogar.

De esta segunda publicación, fragmento un poema que anima a descubrir al autor:

 

Egoísmo y ansiedad

(Jericó, junio 7 de 1948)

Dame amor, que tengo sed de infinitos,

Un deseo de besar intensamente.

Encendido como un sol está mi corazón,

temo que me hagas sufrir desconsoladamente,

temo que desvanezca mi nueva esperanza,

el pensar que pronto

habrás de burlar mis sentimientos…

Todo lo miro con deseos de los tuyos:

en ti está el ansia

del furtivo placer.

Y en tono de tus ojos se esconde la ternura

cual una estrella del sombrío invierno

cubierta por casta floración de nieve…

No dudes mi cariño, ni mis alegrías,

ten paciencia, resígnate conmigo:

la vida es crisol que purifique el alma

y el alma moldeada en el dolor es sol.

Tú, comprendes,

tú, sientes,

basta decirte

que humana eres,

como soy yo.

 

Fuentes: Arpegios del Parnaso, de Hugo Martínez Escobar; sitio web Jericó, el infinito vuelo de los días; Jericó patrimonial.

 

Regresa: ¡Ay, Jericó!

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Sus vidas tuvieron tintes muy distintos. Ella, graduada en Europa; él, graduado de las calles. ¿Qué los une? Jericó como tierra que los vio nacer, la poesía como su mejor legado y que su obra aún se encuentra por descubrir, admirar y disfrutar.
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