Ana María, voluntad que hace la diferencia

En las calles le dicen la mona, zarca, profe o doctora. Algunos habitantes de calle dicen jocosamente: “Yo la crié”.
Ana María Betancur tiene 18 años, edad para hacer esas cosas propias de los jóvenes. Pero ella, además, recorre el centro para ayudar a habitantes de calle.

Su trabajo lo hace por voluntad y no recibe ningún salario a cambio. Consiste en acercarse a los habitantes de calle del centro de Medellín en una ambulancia medicalizada.

Durante cada recorrido les curan las heridas del cuerpo, y mediante la escucha activa y el apoyo sicosocial, intentan lo mismo con las del alma.

De acuerdo con sus condiciones de salud se les acompaña en el tratamiento o se les remite a entidades de la red de apoyo, un proceso que no es fácil, pues algunos se resisten. La Fundación Semilla que Crece, creada por su papá, José Betancur, sigue de cerca todo el proceso.

Según ella, “Lo que más me motiva a recorrer las calles es poder agradecerle a dios por haber podido rescatar a mi papá, quien también fue habitante de calle; además, hacer algo por la sociedad, pues de primera mano sabemos lo que se siente esperar todos los días a un familiar en casa, esa angustia. Nosotros, con este aporte, tratamos de mermar esa tragedia”, afirma Ana María.

Sus ojos verdes han visto pasar a miles de personas. A algunas –como ella misma lo dice, mientras se le llenan de luz– las han podido ayudar en esta difícil situación: “No son tantas como quisiéramos, pero es un granito de arena”.

Aunque es joven, sus palabras reflejan experiencia y sabiduría, pues desde los dos años acompaña a su papá en los recorridos y se sabe todos los protocolos, esos mismos conocimientos que la ayudaron a homologar dos semestres de auxiliar de enfermería, profesión para la que se prepara actualmente.

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Cuando su papá habla de Ana no puede contener las lágrimas, ella es su mayor orgullo: “Lo que más quiero de ella y su hermana es que sean grandes de corazón”.

Y ya lo son, porque todos en la familia aportan a la fundación, hasta su sobrino de nueve años conoce del trabajo. “Estoy esperando a que cumpla diez para sacarlo conmigo”, dice Ana.

 

Habitante de calle:
Persona sin distinción
de sexo, raza o edad
que hace de la calle su
lugar de habitación, ya
sea de forma permanente
o transitoria.
Ley 1641 de 2013.

 

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